Estaba leyendo un libro, “Sobre héroes y tumbas”, de Ernesto Sábato, a quien sólo le conocía “El túnel” (libro de aquellos, si los hay). No lo termino aún, por lo que abstengo juicios del libro. En una página hay algo sobre la esperanza y los pesimistas, los desamparados, reales o falsos, y cómo pululan en las grandes babilonias. Un pesimista es definido por la RAE (Real Academia Española) como “1. adj. Que propende a ver y juzgar las cosas por el lado más desfavorable. U. t. c. s.”. Del pesimismo dice básicamente lo mismo en la primera definición, y la segunda es: “2. m. Sistema filosófico que consiste en atribuir al universo la mayor imperfección posible.” Aquí una cita del libro: “Y también se dijo: ¿no serán así todas las esperanzas de los hombres tan grotescas como éstas? Ya que, dada la índole del mundo, tenemos esperanzas en acontecimientos que, de producirse, sólo nos proporcionarían frustración y amargura; motivo por el cual los pesimistas se reclutan entre los ex esperanzados, puesto que para tener una visión negra del mundo hay que haber creído antes en él y en sus posibilidades. Y todavía resulta más curioso y paradojal que los pesimistas, una vez que resultaron desilusionados, no son constantes y sistemáticamente desesperanzados, sino que, en cierto modo, parecen dispuestos a renovar su esperanza a cada instante, aunque lo disimulen debajo de su negra envoltura de amargados universales, en virtud de una suerte de pudor metafísico; como si el pesimismo, para mantenerse fuerte y siempre vigoroso, necesitase de vez en cuando un nuevo impulso producido por una nueva y brutal desilusión. (...) Ahí estaba ahora aquel pequeño desamparado, uno de los tantos en aquella ciudad de desamparados. Porque Buenos Aires era una ciudad en que pululaban, como por otra parte sucedía en todas las gigantescas y espantosas babilonias. Lo que pasa (pensó) es que a primera vista no se los advierte, o porque por lo menos resulta que buena parte de ellos no lo parecen a primera vista, o porque en muchos casos no lo quieren parecer. Y porque, al revés, grandes cantidades de seres que pretenden serlo contribuyen a confundir aun más el problema y hacer que uno crea el final que no hay desamparados verdaderos.”
Al parecer los desamparados (sin protección o desfavorecidos) abundan en las ciudades modernas. *La foto es de un tipo sentado en una banca en la plaza de Mamiña. ** Citas de Sábato acá
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